Dedicado
a mi hermano, Jorge “El Coach Topo” Estudillo
Una
responsabilidad cotidiana de cualquier líder de equipo ya sea de trabajo,
de labor social, deportiva, etc. consiste en conseguir que su gente
que dé el máximo esfuerzo, que luche hasta el final, que corra sin descanso.
Dicha responsabilidad que viene intrínseca en cualquier papel de líder,
aunque suena sencilla de cumplir, es una de las empresas más difíciles.
En
un mundo perfecto, un grupo de trabajo debería motivarse a la menor
sonrisa de su líder. Claro está, lo anterior sucede cuando existe el
líder y los integrantes perfectos. Sin embargo, en los equipos formados
por seres humanos comunes y corrientes (como tú y como yo), el obtener
el máximo resultado de un equipo no es una labor cotidiana, es un arte.
Un arte que algunos nacen con él, y otros lo tenemos que aprender.
Hay
veces que el simple “vamos equipo” no es suficiente. Cuántas veces nos
hemos sentido frustrados por ver que nuestros hijos, pupilos, compañeros,
subalternos, o cualesquiera que sean los integrantes de los equipos
que nos toca encabezar en la vida, no alcanzan su máximo potencial o
se hunden en la mediocridad a pesar de tener la capacidad para lograr
las metas del grupo. Peor aún, cuántas veces el líder se pasa buscando
medios para motivar a la gente (premios, regaños, sermones, chantajes,
despidos, etc.) y parece que en lugar de mejorar las cosas, empeoran.
Cuando
todo lo anterior falle, cuando ya no halles salida, tómate un momento
de respiro. Regresa a lo básico. Hay veces que el ruido de la cotidianidad
y la presión de los resultados nos hacen olvidar que además de las metas
del equipo, deben existir metas y valores personales que nos arranquen
de lo más profundo esa fuerza de lucha, de pasión, de agallas. Como
líder necesita encontrar en cada persona ese motivo que despierta en
él la adrenalina y hace hervir su sangre, ese motivo que sin duda, lo
lleva a superar cualquier obstáculo y encontrar en él capacidades inimaginables.
Que
tu equipo encuentre su motivo, que dedique su lucha a un ideal, a un
sueño (espiritual o de carne y hueso). Asegúrate que ese motivo sea
honesto y que exalte el espíritu humano. Aún cuando los resultados sean
adversos, levanta la cara y recuerda a todos por qué están luchando.
Si llevas a cabo con éxito tú labor, te aseguro que algún día, con lágrimas
en los ojos, te darás cuenta que uno de los motivos del equipo, fuiste
tú.
Daniel
Reyes (Vikingo Jr.)
P.
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